Make your own free website on Tripod.com

.

xto_link_jesus_redu_01.gif (15602 bytes)

Introducción histórica a las herejías

 

La palabra herejía es una palabra que pone los pelos de punta por varios motivos. El mayor de ellos el temor a un castigo terrible.

¿Qué es una herejía? Entendemos por herejía una "desviación del dogma". Si un católico se convierte al islamismo no es un hereje, sino un converso. Si un católico dice que Cristo no es el Hijo de Dios sino sólo un hombre, entonces está proclamando un pensamiento herético: una herejía. La herejía nace de dentro, no de fuera. Sólo pueden ser herejes los que creen, aunque lo hagan de esta manera tan particular.

Herejías ha habido y habrá no cientos, sino millares. Y no sólo en la Iglesia o en cualquier institución, sino en política y en muchos más ámbitos. Por ejemplo: Ajenatón, el famoso Faraón que implantó el culto único al dios Ra en Egipto es conocido como "el Hereje", ya que su revolución religiosa fue una herejía, como sería una herejía que un grupo de diputados comunistas se declararan partidarios del Mercado y la Libertad de economía. Los herejes son siempre "de los nuestros", gente que sigue una misma fe pero que en un determinado momento se aparta en ciertos aspectos dogmáticos. Ellos creen firmemente que están en lo cierto y que son los demás los que están equivocados, y como siempre son una minoría y la mayoría está contra sus doctrinas acaban formando un grupo cerrado y bastante iluminado que, o se va por su propia voluntad de la comunidad, o es expulsado y a veces incluso perseguido por sus ex-compañeros. Los judíos consideraron a los primeros cristianos como herejes, ya que nuestros primeros hermanos eran también judíos y continuaban rindiendo culto al mismo Dios con los mismos rituales aunque introduciendo a Cristo y al Espíritu Santo.

Los católicos no creemos en las herejías, sino en el Dogma de Fe, pero ello no quita que no consideremos a los herejes como hermanos. Desviados en su fe, por supuesto. Pero hermanos, ya que todos, católicos y herejes, somos hijos de Dios y si Cristo perdonó a sus verdugos clavado en la Cruz nosotros también debemos perdonar a todos siempre, y a estos hermanos desviados de la comunidad por sus propios errores también.

Vamos a estudiar brevemente las principales herejías que conmocionaron a la Iglesia primitiva:

 

LOS GNÓSTICOS

La doctrina propugnada por el grupo de los gnósticos fue la primera herejía que se declaró en la Iglesia. Los gnósticos aparecieron en los primeros tiempos de la Iglesia, en el siglo I y no declinaron hasta el siglo III. Su doctrina mezclaba el cristianismo con la filosofía neoplatónica y creencias judaicas y orientales como las egipcias, persas y babilónicas, muy de moda en el Imperio Romano aquellos años. Probablemente sus teorías ya circularan antes de la difusión del cristianismo, en medio de ese maremagno sincretista que era el Imperio Romano donde convivían centenares de religiones influyéndose unas a otras. Les llamamos "los gnósticos" porque no hubo sólo un grupo ni un sólo sistema unitario de pensamiento sino varios, cada uno de ellos con sus peculiaridades. Ellos profesaban la gnosis, que era un conocimiento esotérico destinado a ser revelado a unos pocos y que contenía elementos muy variados tomados de la filosofía de moda y de varias religiones, además de las Escrituras Sagradas. Los gnósticos pretendían un fin concreto basado en la "doctrina de la emanación" que llevaba a la vuelta al primer principio sólo por el camino de la redención. El gnóstico más célebre fue Cerinto, que vivió en el siglo I.

La Iglesia Católica condenó inmediatamente estas teorías, proclamó el gnosticismo como herejía y expulsó a los gnósticos de su seno porque pretendían romper la unidad de la Antigua Tradición judaica con la Buena Nueva Evangélica que Cristo tanto se empeñó en proteger. El descubrimiento en 1945 de una biblioteca completa de escritos gnósticos en Nag Hammadi, en el Alto Egipto, nos ha permitido ampliar enormemente nuestro conocimiento sobre este grupo.

Mi opinión: Los Evangelios nos dejan bien claro cuál era la postura de Cristo sobre la Ley mosaica. Cristo nunca condenó ni se apartó de las Leyes de Moisés, sino todo lo contrario: Cristo fue un judío modélico que se empeñó en cumplir con todo lo dispuesto por las Escrituras y que jamás atacó a la Ley mosaica, sino a los hipócritas que la habían convertido en su negocio particular y la interpretaban a su conveniencia e interés. Por ello los gnósticos partían de un error fundamental que era dividir a Dios es un "dios antiguo y malo" y uno moderno y bueno, cuando Cristo fue el primero en proclamar constantemente la unidad entre la Alianza de Moisés y su Evangelio. Una doctrina que parte de un error tan fundamental es una doctrina errónea. Los gnósticos se influenciaron demasiado por las corrientes filosóficas de moda hasta perder el rumbo de la verdadera Enseñanza de Cristo. El gnóstico supone que él pertenece a una selecta minoría de elegidos a los que se ha otorgado ese conocimiento o gnosis cuyo fin es la liberación de su parte espiritual, prisionera de la parte material. Si se conjuga esta idea con la Revelación y la Resurrección vemos el paralelismo claro que llevó a los gnósticos a abrazar el cristianismo por mera conveniencia.

 

Marción

Marción fue un cristiano con recursos. Era naviero y natural de Esmirna, donde trató de conseguir un puesto principal en la Iglesia siendo rechazado, así que decidió crear su propia "iglesia". Marción consiguió gran éxito gracias a la simpleza de su doctrina que consideraba que el mundo había sido creado por un "dios vengador y cruel" que sería el "dios" del Antiguo Testamento en contraposición al Dios del Nuevo Testamento que es el Dios del Perdón y de la Redención, lo que se asemeja bastante a la teoría gnóstica. En la segunda mitad del siglo II Marción, junto con Prisca y Maximila, dos mujeres poseídas por un frenesí místico que impactaba a las masas, predicó la inminencia de la Parusía, que tendría lugar en Frigia (bien cerca de por donde él andaba, claro). Y convencido del inminente retorno de Cristo predicaba la abstención sexual llegando incluso a condenar el matrimonio.

Además, sólo creía inspirados por Dios los evangelios de Lucas, los Hechos y las cartas de Pablo. Es decir, los textos que seguían una línea más abierta y evangelizadora con su propio mundo, el Asia Menor y que mejor se "adaptaban" a sus teorías. Pero como consideraba que incluso estos textos habían sido "contaminados", él se dedicó a "depurarlos" eliminando todo lo que no le venía bien.

Mi opinión: Marción fue un producto de su tiempo. Un antepasado de los telepredicadores que viéndose rechazado se monta su propia "iglesia" aderezándola con todo tipo de aditamentos apocalípticos.

 

Montano

Montano fue otro iluminado producto de su tiempo. Él mismo se autodenominaba como "el paráclito joánico" y amparado en ese frenesí místico que azotó Asia Menor (recordemos que esta zona era entonces la más helenizada del mundo y la más culta) y que llegó hasta Roma como una moda de ricos (el culto a Mitra en Roma era lo mismo que hoy viene a ser jugar al golf).

Mi opinión: Montano tiene pocas semejanzas con Marción, aunque ambos basen sus ideas en la inminencia del retorno de Cristo y se amparen en la moda mística de la época. Marción es más un remedo de telepredicador que otra cosa y Montano no es más que es un iluminado intransigente que radicaliza la religión a su manera con los típicos ingredientes orientalizantes.

 

Estas primeras herejías tienen un claro origen en el sincretismo religioso que azotaba todo el Imperio Romano, donde cada uno se fabricaba una religión a su medida cogiendo un poco de cada una de las existentes. El cristianismo no era eso, pero algunos no pudieron o no quisieron verlo así y trataron de contaminar el Mensaje de Cristo con añadidos tomados de filósofos o magos que nada tenían que ver con el Evangelio de Cristo. Si hay algo que los católicos tenemos que tener muy claro es que una cosa es la filosofía y otra muy distinta la religión. Ni Platón ni Aristóteles fueron cristianos ni Cristo fue platónico o aristotélico. Tratar de fundir el Evangelio con las modas filosóficas de cada época es prostituirlo.

Así de claro y así de duro.

Lo que estos movimientos heréticos consiguieron fue que la Iglesia se defendiera, se blindara encerrándose en sí misma, lo que resultó perjudicial para el devenir histórico y cuyas consecuencias las vemos en una Iglesia entregada a Constantino para que éste la apoyara contra el arrianismo que estudiaremos en próximas actualizaciones...

ÍNDICE