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El por qué de un odio

 

Desde el primer momento que uno se pone ante el Evangelio tiene la sensación de estar asistiendo a un sacrificio anunciado. Efectivamente, Jesús habla en muchas ocasiones de su Destino trágico porque Él es plenamente consciente de cuán amargo es el cáliz que le ha tocado beber.

¿Cuáles son las circunstancias que llevan a un Jesús que predica el amor y la paz a la Cruz?

El judaísmo se hallaba en crisis. Una profunda crisis cuyo origen era la inadaptación de la Ley mosaica a la vida cotidiana de un pueblo muchos siglos después. Esta inadaptación había degenerado en una serie de sectas como los fariseos, los saduceos y otras, que se consideraban intérpretes exclusivas de la Ley. En aquel Israel de Jesús, bajo dominio romano, había judíos "colaboracionistas" con Roma y había judíos que combatían a Roma y además todo ello bien aderezado con un fanatismo que imponía unos prejuicios sociales muy intensos, prejuicios económicos y hasta prejuicios geográficos (los samaritanos, habitantes de la región de Samaria, aunque judíos, eran considerados por los demás unos auténticos "apestados".

Pero por encima de todo Jesús, que enfrentó valientemente todos estos problemas, se enfrentó a las castas dominantes de los saduceos y los fariseos que habían convertido la Ley mosaica en su negocio privado. Estas castas dirigentes vivían a costa de la religión. Los dirigentes no eran hombres piadosos en su mayoría (había, como en todo gratas excepciones) sino burócratas atrincherados en el Templo tras la Ley de Moisés.

Y Jesús se lo echó en cara abiertamente, valientemente, les recriminó su falta de respeto por la Ley y su falta de respeto ante Dios. Así pues ellos vieron en seguida a Jesús como un peligro, un "revolucionario" que venía a levantarles de sus poltronas del Sanedrín de las que tan bien vivían a costa del pueblo.

Pero ellos no fueron más que instrumentos de Dios, incluso su odio visceral contra Jesús que les llevó a crucificarlo sirvió al propósito de la Resurrección: Lo que el odio y la infamia habían conseguido Dios lo deshizo al tercer día, y esa es una lección que los cristianos debemos tener muy presente.

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